Me llamo Bart y vivo en Springfield

La economía es en su definición una ciencia que estudia el comportamiento de agentes económicos individuales en como producen, comercian, distribuyen y consumen bienes y servicios, creados para satisfacer necesidades humanas. Si nos paramos a pensar en la mera semántica de la definición, podemos darnos cuenta de dos palabras, claves para entender la economía, comportamiento y satisfacción. Comportamiento podríamos decir que se relaciona directamente con la psicología y satisfacción con la filosofía. Estas dos ciencias, psicología y filosofía, nos ayudan a comprender la acción humana y es la acción humana la que ha evolucionado la economía. La economía, en su vertiente productiva, pasando de la artesanía a la revolución industrial o en su forma más transaccional pasando de una economía agrícola y pobre a una economía productiva y capitalista.
A lo largo de la historia se han intentado diferentes sistemas que han regido el orden económico, y en su esencia han fracasado, en parte por no saber adaptarse al espíritu humano. El capitalismo, en su versión más salvaje, se conoce como anarcocapitalismo. Es una clase de doctrina económica que rige que el orden social perfecto no se rige por un orden político junto con un orden económico, simplemente se rige por la anarquía política regida por las normas de comportamiento capitalista. Lógicamente, el anarcocapitalista se puede definir de muchos modos, siendo más o menos liberal, pero no cabe de duda de que la acción humana y el ansia de progreso, son los factores clave en la economía y esto hace que tanto la psicología como la filosofía, sean dos ciencias muy importantes para entender la economía.
Por este motivo, a veces me sorprendo al ver como la gente se asombra de que se hable tanto de crisis de confianza. ¿Qué es acaso entonces la economía? Entonces, si a la acción humana, le sumamos el sistema financiero, podemos ver como el ciclo económico evoluciona y fluctúa, en parte gracias a la competencia e incompetencia, de los bancos centrales y los agentes políticos. En la actualidad, venimos de una burbuja inmobiliaria, creada por las facilidades impuestas por parte de los políticos y en parte por no saber tomar medidas para frenar el espíritu colectivo e irracional de nuestra sociedad, delante de este irracional y turbulento mercado alcista. También, los bancos se aventuraron a financiar suelo urbano por miles de millones de euros, concretamente 300 mil millones de euros, en créditos al promotor, para un stock en vivienda que ampliamente superaba la demanda, pero lo que es peor en un suelo urbano valorado a precios, totalmente ridículos. Por lo tanto, por un lado incompetencia política al no saber tomar medidas proactivas para frenar la especulación inmobiliaria e incompetencia bancaria para no saber controlar el flujo de crédito.
Mucho se ha hablado del tema, cierto. Sin embargo, lo que tiene que quedar claro, es que España no tiene un problema exagerado en su deuda pública. Cierto es que medidas que recorten el déficit son exigibles, pero realmente el problema en España, son esos 300 mil millones de euros, de crédito al promotor, que se han cargado el sistema financiero español. Esos 300 mil millones de euros, se reparten entre los bancos que han concedido hipotecas a 35 años a los consumidores españoles y a los promotores, muchos de ellos quebrados, que han terminado con ejecuciones y con una cartera de activos inmobiliarios en sus balances no convertidos todavía en pérdidas. Esto provoca un efecto perverso sobre la economía. Por un lado, las entidades financieras, se olvidan en parte a su negocio más básico, como puede ser prestar a la economía real, y se centra en reducir su cartera de activos, es decir los créditos concedidos y en captar más capital para reformar su core capital. Todo ello, significa que el dinero no se traslada a la economía real, ni a las empresas ni a los consumidores. Sin consumidores gastando y sin empresas con liquidez para invertir, la rueda es difícil que vuelva a girar.
No muy distinta es la situación en Europa. Mientras Grecia, formalmente se ha declarado en bancarrota y la UE haya acatado una quita del 50% de su deuda, que asciende a 450 mil millones de euros, Italia se encuentra entre la espada y la pared con una deuda de 2 billones de euros. En Francia, podemos comprobar asombrados de qué manera se sigue derrochando, el 56% del PIB que se encuentra en manos del estado Galo. Para evitar incrementar el déficit el Eliseo ha tomado medidas para incrementar los ingresos en 10.000 millones de euros, en forma de subida de impuestos. Este incremento del derroche Francés contrasta contra los planes de austeridad del resto de Europa, entre España e Italia, por ejemplo se han ahorrado 130 mil millones de euros. Cabe recordar que Francia debe el 85% de su PIB lo que sugiere, que la sombra de las agencias de rating, planean sobre el Eliseo, que pronto se verá obligado a seguir el camino de España e Italia y tomar el camino de la austeridad. Llegados a este hipotético punto, la próxima pieza en caer, en este dominó sería Alemania, el primer socio comercial de Francia. No podemos olvidar de que el 40% de las exportaciones de Alemania se producen dentro de la propia UE. Este panorama, se ve reflejado en las últimas encuestas de confianza empresarial que han caído en picado en Alemania reflejando un temor muy real, de que la austeridad llevada a cabo por los gobiernos de la UE, incrementan sobremanera la probabilidad de una nueva recesión.
Llegados a este punto, al estilo propio del peinado de Bart Simpson, podemos deducir que la formación de picos y valles en los mercados y la economía, que vienen dibujando el mundo económico desde el año 2000, va a continuar. Tras la ya alejada y olvidada burbuja .com que azotó a los mercados en el año 2.000, hemos visto una recuperación frágil sobre una base no muy sólida basada fundamentalmente sobre el excesivo apalancamiento financiero, utilizado para una rentabilidad basada en el incremento del precio de los activos. Esta nueva burbuja, alimentada por unos bajos tipos de interés, provocó el estallido del mercado inmobiliario, la quiebra de Lehman Brothers, y las posteriores medidas Keynesianas, para evitar el colapso. Posteriormente, el incremento de deuda pública y déficit presupuestario, han llevado a planes de austeridad por parte de los gobiernos, y un desendeudamiento global, por parte de consumidores y empresas.
Llegados a este punto, es probable que el mundo logre superar la grave crisis de deuda en Europa, pero no debemos de creer que la cresta de Bart Simpson dejará de reflejar el panorama de la economía global.
El efecto desendeudamiento, es claramente deflacionista no inflacionista y los políticos, no deberían de ser ajenos a esta posibilidad, de recaída en la recesión económica y por una vez ser proactivos, evitando así males mayores en forma de costes elevados, por otra negligencia. Las autoridades monetarias europeas, necesariamente tienen que bajar los tipos de interés al 0% y los gobiernos, continuar con importantes reformas estructurales en las economías de sus respectivos países. Por su parte, Bernanke, tiene que lograr que los bajos tipos de interés se trasladen en forma de créditos al tejido empresarial americano provocando así la recuperación del mercado laboral. Y en los países emergentes, las autoridades monetarias tienen que seguir luchando con mucha disciplina sobre el sobrecalentamiento económico, para intentar, que la próxima desaceleración que viene, termine siendo un aterrizaje suave o una recesión leve. Probablemente entonces, si las autoridades monetarias y políticas siguen haciendo su trabajo y se creen esta vez, que viene una nueva recesión, estemos preparados, para una época de crecimiento económico sostenible y duradero, basado en la productividad, el ahorro y la inversión y no sobre la especulación basada en el incremento de los precios de los activos.

Agencias de Rating: ¿Ángeles o demonios?

La dantesca actitud de los gobiernos europeos, lleva a Europa a su propia inmolación económica. En las últimas semanas, la tragicomedia del parlamento Europa roza lo absurdo y en algunos casos, no podemos más que mirar asombrados, si los periódicos económicos son de economía o de humor.
Estas semanas hemos asistido a la aniquilación de las agencias de rating por parte de la opinión pública. Las autoridades políticas de Europa, han impuesto a la opinión pública la idea de que las agencias de rating son el demonio, con tendencia oligopolística controladas por los poderes fácticos americanos. El colmo de la parodia, lo encontramos en el Sr. Sarkozy que en un arrebato de sublime inteligencia, se presentó a los medios como un auténtico liberador del sistema económico, diciendo que los bancos, tenedores de deuda se implicarían con el rescate Griego, siguiendo siendo acreedores del país Heleno durante otros 30 años, por al menos el 70% de su deuda actual y con unos bonos a un tipo de interés fijo impuesto, no por los mercados y sí por los gobiernos.
Transcurridas 2 horas de esta locuaz intervención del primer ministro francés, advertimos en una entrevista en la bolsa que nos parecía una decisión adecuada (por fin se acepta la bancarrota de Grecia) pero veríamos que opinión tenían al respecto las agencias de rating. Efectivamente S&P dictó sentencia y argumentó que el roll over de la deuda de Grecia es una selective default, lo que significa precisamente una suspensión de pagos.

Aquí parece que los debates parlamentarios son tertulias de bar, en las que todo el mundo opinia y nadie decide. Por favor señores tomen asiento que el circo continuo.

El verdadero problema por el que atraviesan los PIIGS (Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España), es el siguiente:
– La errónea política monetaria del BCE.
– El endeudamiento y derroche de los recursos públicos.
– Que los acreedores han permitido el derroche y endeudamiento prestando dinero a los gobiernos sin evaluar debidamente los riesgos asociados.
– No ser capaces de haber creado en la bonanza económica economías productivas ni un sistema educativo competitivo y si una economía especulativa basada en el dinero fácil, la especulación y la ulterior destrucción de valor.
– No saber tomar decisiones proactivas para dar respuesta a la crisis y actuar de forma reactiva en función de los mercados desde 2008.
Probablemente no sea capaz de diagnosticar mejor lo que está sucediendo, sin embargo, tengo claro que en ninguno de los argumentos que puedan darse de esta crisis, las agencias de rating tendrán cabida, es demasiado ordinario pensar en cargarse al mensajero.
Lo curioso del caso, es saber porqué es un problema que el mensaje de las agencias de rating sea tan peligroso para las economías. El problema radica una vez más en los colaterales. Los bancos privados tenedores de deuda Griega, hasta la fecha pueden pedir créditos con el BCE u otros bancos en el sistema interbancario y como contrapartida o colateral, pueden ofrecer deuda pública. La deuda pública siempre ha sido el colateral con menor riesgo. De hecho, en la famosa curva de Markovitz la deuda Griega estaría ubicada en la parte de poco riesgo en 2008 (si me exalto en las críticas podría quedarme a gusto), pero no nos desviemos del tema que nos concierne. El BCE y el resto de bancos aceptan la deuda soberana y a cambio ofrece deuda, para que la puedan vender en forma de créditos al consumo o hipotecas. Hasta aquí todo correcto. Lo irónico viene de que es la propia legislación del BCE la que exige a los bancos que la deuda pública ofrecida como colateral, sea una deuda calificada como segura, por las agencias de rating. Eso significa, que en el momento que en el que las agencias de rating, rebajen su nota de deuda basura a selective default, el BCE no aceptaría como colateral la deuda pública y por lo tanto exigiría nuevos activos como contrapartida de la deuda prestada, que al ser tan elevada provocaría de facto la bancarrota de algunas entidades bancarias y poniendo en riesgo el mismo BCE, creador de la norma.
¿Creen que no puede ser más dantesco? No se vayan que el acto continúa. Se advierte de la posible creación de una agencia de rating europea pública o semipública. Esto podría traducirse, en que como las agencias de rating no dicen lo que queremos que digan, para saltarnos la ley que nosotros mismos hemos creado, creamos una agencia de rating, para que diga lo queremos que se diga para cumplir con nuestra ley. A efectos prácticos, no sería más sencillo, que el BCE y las autoridades económicas europeas cambiaran la ley? No sería más sencillo que el propio BCE determinara que nivel de deuda es admitida como colateral en el sistema financiero europeo?
Finalmente mi asombro, culmina todas mis expectativas. Culpar a los poderes fácticos americanos de las decisiones oligopolísticas de las agencias de rating. Por favor, seamos objetivos. Las agencias de rating son agencias privadas. S&P pertenece a la editorial Mc Graw Hill cotizada en la bolsa de Nueva York; Moodys pertenece a Warren Buffet, el fondo Capital Work y centenares de inversores y Fitch a Fimalac, curiosamente empresa privada francesa, es decir, empresa europea.
Vamos a hablar claro por favor, Sra. Merkel, Sr. Sarkozy, Sr. Trichet y compañía. ¡No hay vuelta atrás! El sistema capitalista ha solucionado desde que Richard Nixon eliminara el patrón oro, las crisis inundando de liquidez los mercados. Eso ha instaurado una complacencia en los bancos, en el sentido de que el Estado ha sido el encargado de socializar las pérdidas bancarias. La prepotencia bancaria impuesta por la falta de humildad, provocada por la legislación a derivado en la degeneración del sistema capitalista. La severa crisis económica, actual ha puesto la deuda de USA en su techo máximo y obligando a la economía americana a elevar su nivel de deuda para no caer en suspensión de pagos. En Europa, las cosas se han hecho peor imposible y el sistema productivo europeo (excepto Alemania y algo en Francia) ha sido inexistente y se ha basado en una economía especulativa que ha terminado como terminan todas las burbujas desde hace varios siglos, con la destrucción de valor.
El sistema capitalista, es el sistema por el que se rige nuestra sociedad es un orden establecido por todos que debe evolucionar. La quiebra de Grecia es inevitable, y en esta ocasión, no nos equivoquemos, las entidades privadas deben asumir sus pérdidas, del mismo modo que deben aprender de sus errores cometidos por sus decisiones de inversión. Esta dolorosa purga de nuestro esquema social, debería sentar las bases para las futuras generaciones.
Por favor no culpen al mensajero, puesto que un error no se corrige buscando excusas. Las agencias de rating hacen su trabajo y aceptar el roll over de la deuda Griega significa, el selective default, es decir la suspensión de pagos, otra cosa sería hacer trampas en el solitario.
Grecia necesita lo que necesitaría una empresa en suspensión de pagos, una quita parcial de la deuda, la refinanciación a largo plazo con un tipo de interés asumible por Grecia. A partir de ahí, del mismo modos que las generaciones anteriores se levantaron de dos guerras mundiales, nuestra sociedad actual, deberá levantarse de esta grave crisis que pone en jaque el sistema capitalista.