Y ésto a mí, ¿cómo me afecta?
Grecia, Irlanda, Portugal, España e Italia han tenido que ser intervenidos por parte de la UE y en algunos casos del FMI. Podemos decir, concretamente, que Grecia se encuentra en Bancarrota, Irlanda y Portugal en suspensión de pagos, Italia llamada a hacer reformas urgentes y recortes presupuestarios contundentes para evitar el próximo paso que es la suspensión de pagos y España salvada, de momento, por los pelos, pero ayudada por el BCE comprando deuda pública.
Todo esto es nuevo para el ciudadano, que excepto la elevada tasa de paro y cierto miedo no entiende muy bien en qué le afecta esta crisis de deuda. La frase más escuchada en las conversaciones de economía doméstica es:
“Mientras no pierda mi empleo, realmente la crisis no me afecta»
El saber popular, acostumbra a ser sabio. En cierto modo, no deja de tener razón. Sin embargo la crisis afecta sobremanera al ciudadano. Vamos a tratar de explicar de un modo sencillo de qué modo afecta la crisis, al ciudadano.
Recortes sociales
El primer punto, son los recortes sociales. Las medidas de austeridad se centran en reducir el déficit. Históricamente, los estados han intentado salvar las crisis incrementando el gasto público. Estas medidas, sirven para sustituir la demanda privada. El hecho de gastar más de lo que se ingresa, hace que los estados entren en déficit, es decir pérdidas y las pérdidas incrementan la deuda. Los estados, no son empresas, por lo tanto, es normal que en épocas de recesión los estados entren en pérdidas para garantizar el estado del bienestar. En el momento actual, los gobiernos intentan recortar sus déficits para no ver incrementada su deuda exponencialmente y romper el pacto de estabilidad, firmado en el tratado para formar parte de le UE. Hay dos formas de recortar el déficit, bien recortando el gasto público o incrementando los ingresos. Para recortar el gasto, se recorta el estado social, con menos prestaciones. Un ejemplo, puede ser el copago en sanidad o menso funcionarios. La otra medida, consiste en incrementar los ingresos, bien fomentando el crecimiento económico para que las empresas ganen más dinero, contraten gente y el estado recaude más impuestos vía IRPF y IS. Además, el hecho de tener menos tasa de paro, proporciona indirectamente menos gasto público en materia de prestación por desempleo.
Actualmente, las autoridades políticas, parecen haber olvidado la segunda derivada y se han centrado en lo sencillo que es recortar el gasto público, sin plantear la segunda opción que consiste en estimular el crecimiento, para recaudar más impuestos.
Por lo tanto, actualmente el ciudadano está afectado por menos prestaciones sociales y por un panorama que no ayuda, para nada a la creación de empleo.
Elevado coste de financiación de los estados
La guerra desatada entre los especuladores y los gobiernos, tiene consecuencias directas en la riqueza del país. Por ejemplo, el caso más flagrante es Grecia. Grecia a un coste de financiación del 20% y una deuda sobre el PIB del 160%, utiliza el 32% del PIB para pagar intereses de su abultada deuda. En Italia, con un 120% de deuda sobre el PIB y un coste de financiación del 7.20%, destina el 8.64% de su PIB para pagar intereses y en España, con una deuda del 70% y un coste del 5.7%, utiliza el 3.99% de su PIB para pagar intereses.
Ello no significa que los países paguen más dinero de facto, simplemente significa que en caso de ir a los mercados a buscar financiación, pagarían estos intereses, lo que haría insostenible el modelo económico. Ello repercutiría en un incremento de riesgo país, y al incrementar el riesgo país, los bancos, tendrían que provisionar pérdidas, al perder valor la deuda pública adquirida y ello repercutiría en menos créditos a consumidores y empresas y más caros, y dificultades para acudir a los mercados a buscar financiación.
Ello repercute directamente al contribuyente, ya que de alguna manera, el 4% de la parte retenida en su nómina se destina a pagar intereses y en ningún caso, en prestaciones sociales.
Dificultad para encontrar financiación
Como vemos, los recortes presupuestarios de los gobiernos, incitan a la ralentización económica. Con ralentización económica es difícil recuperar la tasa de paro y amortizar la deuda. Lo que genera, como decíamos el círculo vicioso de: ralentización, más riesgo país, pérdidas bancarias, menos crédito, más ralentización. Ello tiene repercusiones muy negativas para el sistema financiero que tiene dificultades para acceder al crédito y se centra en su activo, es decir, en su cartera de préstamos, para reducirla y así mejorar su solvencia.
Ello repercute directamente en el ciudadano, con menos préstamos, más caros y dificultad de mejorar el mercado laboral.
¿Hay solución?
Aunque el panorama, se presenta desalentador, hay dos medidas claves para salir de esta grave crisis. La primera es una solución cortoplacista, la segunda y más importante a largo plazo.
Solución a corto plazo:
El problema actual, es que los mercados de deuda pública han entrado en pánico. Los inversores tienen miedo a que los estados entren en suspensión de pagos y del mismo modo que los inversores en bonos Griegos perderán un 50%, tienen miedo de que eso suceda en toda la zona euro. Ante esta situación, los mercados empujan los precios de los bonos a la baja, lo que provoca un coste de financiación que hace in sostenible la deuda. Ello provoca, que los estados incrementen su deuda, únicamente para pagar intereses. Hay una forma de calmar los mercados. El fondo de estabilidad. El fondo de estabilidad, se acordó incrementarlo hasta 1 billón de euros. De momento la demora en su creación, debido a la espantada del ministro Papandreu, ha provocado que parezca insuficiente, ante la amenaza de Italia con una deuda de 2 billones de euros. Algunos economistas, defienden que el fondo debería tener alrededor de 4 billones. Este fondo, es algo más psicológico que real, del mismo modo que hay un fondo de garantía de depósitos que garantiza 100 mil euros a los depositarios, para evitar los pánicos bancarios, el fondo de rescate, garantizaría a los inversores en deuda pública, el posible impago de algún país.
Recapitalizar los bancos, serviría para que los bancos pudieran tener más certidumbre, respecto al impago de deuda pública y debería mejorar el mercado mayorista de crédito, es decir el mercado en el que los bancos se financian para prestar.
Bajar tipos de interés al 0,5% y un inyectar liquidez para que los bancos pudieran pedir prestado dinero barato para invertirlo en deuda pública y así poder tener beneficios que le permitieran mejorar su core capital y a su vez prestar dinero a las empresas y a los consumidores. Ello provocaría una subida en el precio de la deuda pública y mejoraría el coste de financiación de los países. Además, ello favorecería en depreciar a la divisa común lo que beneficiaría a los países con más problemas, al mejorar la competitividad internacional permitiendo más exportaciones.
Estas medidas, son medidas que favorecen el crecimiento económico, fomentan el crédito y permiten incrementar el consumo. Lo que significa pasar del círculo vicioso, al círculo virtuoso: más créditos a consumidor y empresas, más consumo, más empleo, más impuestos, mejora del riesgo país, mejora del balance de los bancos, más crédito y así sucesivamente.
Solución a largo plazo:
A pesar de que la teoría parece convincente, aplicar es complicado. Alemania, paree excusarse en la absurda idea de lucha contra la inflación. La inflación es un tema tabú en Alemania, ya que en época de la primera guerra mundial, Alemania vivió una hiperinflación brutal. El dinero perdió todo su valor. Con esta excusa, el BCE vigila la inflación y las políticas del BCE son claramente beneficiosas para Alemania.
Excusa o no, no cabe duda de que a corto plazo, a medida que Europa empeora su coste de financiación, a Alemania le sale más barato. Los especuladores utilizan estrategias de trading, conocidas como spreads. Ello consiste en vender deuda de países con problemas y comprar deuda Alemana. De esta forma, la actitud es perniciosa, puesto que a Alemania, se le reduce el coste financiero. El tener un Euro caro, es cierto que perjudica las exportaciones alemanas, sin embargo, la realidad es que Alemania exporta el 40% en la zona euro lo que no afecta la fortaleza del euro y importa fuera de la eurozona, lo que significa que compra barato gracias a un euro fuerte.
Esta actitud egocéntrica de Alemania debería de cambiar, ya que la gran recesión europea, ha provocado que los bancos alemanes tenedores de deuda pública europea, tengan un gran problema, lo que paraliza el crédito por lo tanto, frena el crecimiento económico de Alemania, como hemos podido ver en los principales indicadores adelantados ZEW y IFO.
Ahora, una vez puesto en marcha el euro, todo comentario catastrofista que predice el fin del euro, carece de sentido. En la vida todo es posible, por supuesto. Pero es inviable que desaparezca el euro. Europa se financia externamente, lo que hace inviable esta hipótesis. Se necesita unidad fiscal, unificación de criterios, creación del eurobono y un ente de gobierno independiente que permita ejecutar directamente desde la UE.
Además, los países miembros necesitan reformas estructurales, como pueden ser mejorar el mercado laboral, mejorar las prestaciones sociales y sanidad y hacerlas sostenibles y mejorar el sistema educativo.
No nos engañemos, las medidas a largo plazo darán sostenibilidad al sistema capitalista a largo plazo, ejemplos como el de Suecia o Holanda en la reforma de su mercado laboral pueden ser la base y un sistema de prestaciones sociales, adaptable a la pirámide de población una de las opciones.
Además, legislar y regular el sistema financiero, concretamente el crédito. La forma más simple, es evitar el crédito especulativo, es decir dejar dinero para especular en los mercados y fomentar el crédito productivo, es decir dejar prestado a empresas para invertir en desarrollo de negocios. Pero antes de pensar a largo plazo, tenemos que salvar el sistema financiero a corto plazo.
Entrevista en BusinessTV
De Alejandro el Magnánimo, a Papandreu el Dracmánimo
Dicen la historia, que al morir Alejandro Magno, respondió a una última pregunta: ¿A quién dejas tu legado? El macedonio, con un legado en forma de un imperio que abarcaba Grecia, Egipto y toda Persia hasta la India, respondió, “al más digno”.
Tras la muerte del Magnánimo, Grecia la cuna de la filosofía y la cuna de las civilizaciones más modernas, no había tenido un protagonismo tan importante en el mundo. Desafortunadamente, el protagonismo Griego, no pasa por dominio político, económico o militar sino más bien, por las devastadoras consecuencias que podría tener para el sistema financiero mundial, la no aceptación del plan de rescate por parte del pueblo heleno.
Antecedentes
En octubre de 2009, Papandreu llega al poder y anuncia a Europa que sus cuentas públicas son falsas, ya que se encuentra con un déficit del 12,5% y con una deuda del 113,4% muy por encima del 3% y del 60% que fija el pacto de estabilidad para los miembros de la Unión.
Acto seguido, las agencias de rating rebajan la calificación crediticia de A- a BBB+
En marzo de 2.010, empieza el baile Griego. Tras los rumores sobre el elevado nivel de deuda de Grecia, la desconfianza aumenta en los mercados especulando consecuencias dramáticas para otras economías como Portugal, Irlanda, Italia y España. El FMI y la eurozona, acuerdan un plan de rescate de 750.000 millones de euros. Además, el 10 de mayo, se aprueba la creación de un fondo de estabilización para la eurozona, equivalente a lo que sería el fondo de garantía de depósitos, pero para garantizar el pago de deuda de los países en problemas, para evitar pánicos de impago. A cambio, los países con más presión de los mercados, se veían obligados a recortar sus déficits con medidas de recortes de gastos y reformas estructurales en sus economías.
Ante este desolador panorama, Grecia empieza a combatir la enorme deuda del 113,4% del PIB con medidas de austeridad, para recortar el déficit del 12,5%. Estas medidas de austeridad se convierten en un círculo vicioso para su economía provocando menor crecimiento económico, más desempleo, menos crecimiento, menos confianza de los mercados, más coste de financiación, así sucesivamente una y otra vez hasta el día de hoy. Todo ello, acompañado de revueltas sociales y desestabilización de la unidad del gobierno de Papandreu.
En enero de 2010 las autoridades europeas, encabezadas por Merkel, someten bajo presión a Grecia, obligando a cumplir los pactos de estabilidad lo que sugiere, un mayor empeño en acometer las reformas.
Entre discusiones políticas, entre los ministros de economía de la eurozona y el FMI, los mercados, amenazaban de contagio a Portugal, España e Italia, hasta que el 3 de febrero de 2010, la Unión Europea, anunció que respaldaría los planes de Grecia para reducir su déficit y se sometería a supervisión a Grecia.
El 25 de marzo, tras fuertes discusiones entre Alemania y en resto de la UE, se aprobó un paquete de ayudas de 23.000 millones de euros. Las agencias de rating contraatacaron rebajando todavía más su calificación crediticia al considerar el paquete de rescate insuficiente.
Finalmente, en mayo de 2010, la eurozona aprobó una línea de crédito de 110.000 millones de euros a Grecia, 80.000 por parte de la UE y 30.000 por parte del FMI. Además se aprobó el fondo de rescate de 750.000 millones de euros, 500.000 por parte de la UE y 250.000 por parte del FMI.
Situación actual
Desde entonces, hemos visto incumplimiento constante de Grecia en sus acuerdos de reducción de déficit y un incremento notable y constante de su deuda. Las medidas de austeridad tomadas por parte de las autoridades políticas y monetarias europeas han demostrado ser un fracaso, ya que partiendo de un 114% de deuda sobre PIB en octubre 2009, hemos pasado al ambicioso objetivo de pasar a un 120% de deuda sobre el PIB en 2020. Se especula que la deuda sobre el PIB en Grecia, tenga su zénit en un máximo del 187,9%.
No cabe duda de que la situación de Grecia es de quiebra, empujada por unas medidas de austeridad que han terminado de hundir a Grecia en la más absoluta de las miserias, dejando su economía en el mejor de los casos, en el 2020 en una situación todavía peor con la que arrancó la crisis en 2009 (120% sobre 114%).
¿La salida del euro es posible?
Es altamente improbable. Salir del euro para Grecia significaría volver al Dracma. Volver al dracma permitiría una devaluación de su divisa y una importante inflación. Es cierto que la inflación generaría un efecto reductor respecto a los nominales internos de deuda pero provocaría la quiebra de facto de su deuda pública. Al quebrar, se perdería la confianza del mercado en Grecia, y en el corto plazo el sistema financiero europeo debería de asumir unas gigantescas pérdidas de 450.000 millones de euros. Estas pérdidas, podrían ser hasta cierto punto asumibles por Europa, pero el efecto pánico contagio a las economías más vulnerables como España e Italia sería demasiado peligroso. En este caso, la capacidad de ampliar el Fondo de rescate, que vendría a ser como un fondo de garantía de depósitos bancarios, pero respaldando la deuda pública, a 1 billón de euros, es todo un acierto aunque podría quedar claramente insuficiente, ante por ejemplo el importante nominal de 2 billones de euros de deuda Italiana.
Eso sin contar con el enorme shock que podría provocar en la hoja de balance de las entidades bancarias. Los bancos, tendrían que provisionar una multimillonaria cantidad de pérdidas, en provisiones que obligaría a nacionalizar probablemente a algunos bancos, con el enorme coste a cargo del contribuyente.
En Grecia, por otro lado, salir del euro provocaría la fuga masiva de capitales, que buscarían cobijo en el euro. Lo que provocaría un colapso bancario, que podría terminar incluso en corralito, situación muy similar a lo que sucedió en Argentina en el 2.000.
Situación actual en Europa
El grave problema que tiene la UE, radica en el elevado endeudamiento de los agentes económicos y de las graves divergencias existentes entre los diferentes países que componen el grueso de la UE. El nivel de deuda del sector público y privado en Europa está en el 250% del PIB muy por debajo de UK y de Japón, que está cerca del 400%. Sin embargo, mientras que Japón tiene únicamente el 5% de su deuda fuera de su país, en Europa estamos en más del 50% de la deuda en manos internacionales. Esta dependencia en manos internacionales, se convierte en un claro riesgo ya que el mercado es más exigente con la economía del país acreedor, lo que significa que la presión de los mercados seguirá siendo exigente reclamando, crecimiento económico para mantener un coste de financiación coherente.
Las medidas de austeridad tomadas en Europa, que se concentran en reducir el déficit, son medidas que ayudan a no incrementar el nivel de deuda sobre el PIB de manera significativa, sin embargo, estas medidas no ayudan a pagar el nominal de la deuda hay que reducirla con crecimiento no con austeridad. El problema de la austeridad, es que origina ralentización económica o incluso recesión. La recesión obliga a los gobiernos a incrementar la deuda pública y ello tiene un impacto negativo en los mercados, que incrementan el riesgo país y las agencias de rating, reducen su calificación crediticia. Eso provoca pérdidas en los balances bancarios, que tienen que provisionar como pérdidas contables, desvalorizaciones en la cartera de deuda pública (es España un 2% por ejemplo). Eso provoca que se reduzca el crédito, ya que las entidades financieras, intentan reducir la morosidad reduciendo su activo, que no son más que los préstamos que dan a empresas y consumidores, que a la vez son necesarios para crear empleo. La bajada de empleo genera más ralentización y así sucesivamente.
Soluciones para Europa
Entonces la apuesta de las autoridades políticas y monetarias de la UE, deberían tomar conciencia de que la única solución es el crecimiento a corto plazo. A largo plazo, los políticos deberían de obligar a los gobiernos a cumplir sus planes de reformas estructurales, para sentar las bases de futuro de una eurozona homogénea. La divisa común debería de crear un comité de supervisión y un ministerio de finanzas único y escogido democráticamente, para poder crear en Eurobono, y dotado de poder ejecutivo para poder tomar decisiones de forma unilateral. Además, los países que han desaprovechado el último ciclo alcista en la economía, creando economías especulativas, basadas en la revalorización del precio de los activos, como por ejemplo España y el sector inmobiliario, deberían de hacer reformas en el sistema productivo y en el sistema educativo, para sentar las bases de una economía productiva de futuro.
Sin embargo, sin cesar en estas reformas de largo plazo, a corto plazo hay que reactivar el mercado de crédito para lograr crecimiento en la eurozona. La ralentización económica de los países emergentes, está afectando a la inflación global. Además, el efecto desendeudamiento de las economías occidentales, tiene consecuencias desinflacionarias. Si añadimos que el ZEW (confianza de los inversores) y el IFO (confianza de los empresarios), dos indicadores adelantados de la economía Alemana, nos están indicando desaceleración, no hay argumentos sólidos para mantener los tipos de interés en la zona euro al nivel actual. Por lo tanto, dejar los tipos de interés como en USA, es decir al 0-0,5% sería una medida adecuada que serviría para mejorar la hoja de balance de las entidades de crédito. Otra de las posibles soluciones para estimular el crecimiento, pasan por una divisa más competitiva. La fortaleza del euro, no ayuda a las exportaciones. Las economías europeas más débiles, deberían acometer reformas que animaran al comercio exterior, pero una divisa fuerte no ayuda. Además, se debería de exigir a Alemania que incrementara las importaciones dentro de la zona Euro. Alemania, actualmente está importando un 38% dentro de la UE y un 43% fuera de la UE. Este desequilibrio, perjudica gravemente a los miembros de la UE.
Si la UE apuesta decididamente por el crecimiento, probablemente podríamos ver como inversores internacionales como China se implican comprando deuda pública Europea. Esto junto con la ampliación del fondo de estabilidad financiera, la recapitalización de los bancos y la resolución del problema griego deberían de ser suficiente, para calmar a los mercados de crédito y ayudar a la eurozona al crecimiento económico que a su vez calme los mercados de deuda y permita a las autoridades políticas centrarse en acometer un paquete de reformas estructurales, necesarias para que el sueño Europeo siga siendo posible.